March 26, 2016 Blog 0
el-lider-del-partido-socialdemocrata-de-austria

El líder del Partido Socialdemócrata de Austria

El líder del Partido Socialdemócrata de Austria (SPÖ) se convirtió el 11 de enero de 2007 en canciller federal del país centroeuropeo al frente de un Gobierno de gran coalición con el conservador Partido Popular Austríaco (ÖVP), el primero de este tipo desde el año 2000, cuando su predecesor correligionario, Viktor Klima, hubo de dejar paso a la polémica alianza forjada por los populares de Wolfgang Schüssel y la extrema derecha de Jörg Haider. Político profesional dedicado exclusivamente al servicio del partido desde la juventud, Gusenbauer ha necesitado más de tres meses de negociaciones con el canciller saliente del ÖVP para alinear un Gabinete que refleje el balance de fuerzas salido de las elecciones generales del 1 de octubre de 2006, las cuales fueron ganadas por el SPÖ con una mínima mayoría simple.

Biografía

1. Una carrera política iniciada en las bases del SPÖ
2. Presidente del partido y jefe de la oposición al Gobierno Schüssel
3. Recuperación de la primacía electoral e investidura como canciller de una nueva gran coalición

1. Una carrera política iniciada en las bases del SPÖ
Retoño de una familia de clase trabajadora, su infancia y primera juventud discurrieron en Ybbs an der Donau, pequeña población orillada, como su nombre indica, al Danubio y perteneciente al bundesland o estado federado de Baja Austria (Niederösterreich). Los Gusenbauer eran votantes del entonces llamado Partido Socialista de Austria (SPÖ), que en 1970 recobró la jefatura del Gobierno federal, tras 25 años de cancilleres del conservador Partido Popular Austríaco (ÖVP), de la mano de Bruno Kreisky. Según su biografía oficial, escrita en primera persona, el joven Gusenbauer se sintió fascinado por la personalidad del nuevo canciller, al que tuvo la oportunidad de oírle hablar en el ayuntamiento de su localidad en 1967, cuando tenía siete años, al poco de hacerse Kreisky con las riendas del partido en sustitución de Bruno Pittermann.

Gusenbauer parecía abocado a recibir una formación profesional y a empezar a trabajar pronto como otros chicos de su extracción social, pero el director de su colegio de primaria recomendó a los padres que el muchacho continuara estudiando y se preparara para la universidad. El acceso a la escuela superior (gymnasium) de la cercana ciudad de Wieselburg le puso en contacto con material lectivo que incrementó su interés por la teoría y la práctica de la política. En 1977, con 17 años, ya era un miembro destacado de la Juventud Socialista de Austria (SJÖ), la sección juvenil del SPÖ, en el distrito de Melk, al que pertenece Ybbs an der Donau. Poco después inició la carrera de Derecho en la Universidad de Viena y en 1980 entró en el Comité Ejecutivo Federal de la SJÖ como representante de la Baja Austria. Mientras su formación universitaria se orientaba a la Filosofía y las Ciencias Políticas, su incipiente carrera política tomó una dirección ascendente, convirtiéndose en secretario ejecutivo de la SJÖ en 1981, presidente federal de la organización en 1984 y vicepresidente de la Unión Internacional de la Juventud Socialista (IUSY) en 1985.

En 1987, al poco de inaugurarse el primer Gobierno de gran coalición entre el SPÖ y el ÖVP en dos décadas bajo la presidencia de Franz Vranitzky, canciller desde el año anterior, Gusenbauer remató sus estudios en la Universidad vienesa con un doctorado en Ciencias Políticas y un trabajo de tesis sobre el movimiento pacifista austríaco, muy en la línea del ideario favorable al desarme y al neutralismo activo de que hacía gala el partido y Kreisky en particular. Ser un discípulo y un protegido del anciano Kreisky, muy influyente aún, un lustro después de abandonar la Cancillería y la jefatura del partido, desde el puesto de presidente honorario del SPÖ, facilitó las ambiciones políticas de Gusenbauer, que en junio de 1989 fue designado a instancias de su mentor vicepresidente de la Internacional Socialista, ocupando el puesto que aquel, mermado de salud (iba a fallecer en julio de 1990 a los 79 años), desalojaba.

En 1990 Gusenbauer entró a trabajar como asistente de investigación en el Departamento de Política Económica de la Cámara del Trabajo de la Baja Austria, bundesland que, por cierto, era un bastión inamovible del ÖVP, partido que había puesto a todos los jefes del gobierno regional desde 1945 (en abierto contraste con das Rote Wien, la Viena Roja, ciudad-estado incrustada en la Baja Austria y gobernada por alcaldes del SPÖ también desde el final de la Segunda Guerra Mundial), y de paso fue elegido presidente del SPÖ en el distrito de Melk. El salto decisivo a la política federal lo dio en febrero de 1991, con 31 años recién cumplidos y cuatro meses antes de que el partido, consciente de la necesidad de renovarse después de la pérdida de la mayoría absoluta parlamentaria en 1983 y de los cambios revolucionarios acaecidos en la Europa del Este, decidiera sustituir su denominación de socialista por la de socialdemócrata. Primero fue elegido miembro del Comité Ejecutivo y del Presidium del partido en la Baja Austria, y a continuación el Landtag o Asamblea estatal le eligió representante del bundesland en el Bundesrat o Consejo Federal, la Cámara alta del Parlamento de Viena. Adicionalmente, se puso al frente de los socialdemócratas en Ybbs an der Donau.

Su mandato legislativo, desempeñado en el Nationalrat o Cámara baja desde enero de 1993, permitió a Gusenbauer ensanchar sus horizontes internacionales, ya que integró la delegación austríaca en la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, cuyo Comité de Asuntos Sociales, de la Salud y de la Familia presidió entre 1995 y 1998. En el hemiciclo vienés presidió el Comité de Desarrollo y Cooperación desde 1996 hasta 1999. En noviembre de este último año alcanzó el puesto de Landesgeschäftsführer o administrador jefe del SPÖ en la Baja Austria en el contexto de la resaca de las elecciones federales del 3 de octubre, que resultaron doblemente amargas para los socialdemócratas: primero, porque descendieron a los 65 escaños, entre ellos el de Gusenbauer, que obtuvo su tercera reelección consecutiva, y al 33,1% del voto, cinco puntos menos que en la edición de 1995, tratándose de hecho de sus peores resultados desde la instauración de la II República; y segundo, por la espectacular subida, hasta empatar con el ÖVP, registrada por el Partido Liberal de Austria (FPÖ), formación, a pesar de su nombre, de corte ultraderechista y liderada por el jefe del Gobierno de Carintia, Jörg Haider, cuya promoción al puesto en 1986 había empujado a Vranitzky a declarar finalizado un trienio de coalición gubernamental entre socialdemócratas y liberales.

Como venía sucediendo en los últimos 16 años, ser el primer partido del país no le sirvió al SPÖ, conducido desde la dimisión de Vranitzky en enero 1997 por Viktor Klima, para gobernar en solitario, pero esta vez, por primera vez desde el triunfo de Kreisky en 1970, ni siquiera para presidir el Ejecutivo o estar presente en el mismo. El líder de los populares y vicecanciller saliente, Wolfgang Schüssel, optó por enterrar la gran coalición y negociar con Haider la formación de otra pintada con los colores negro y azul, lo que levantó una formidable polvareda dentro y fuera de Austria debido a los coqueteos xenófobos y filonazis del FPÖ, hasta el punto de que la Unión Europea (UE) aplicó a su Estado miembro un paquete de sanciones de signo político y diplomático, concentradas en la reducción de contactos oficiales con representantes de las instituciones austríacas.

2. Presidente del partido y jefe de la oposición al Gobierno Schüssel
Ya antes de entregar la Cancillería a Schüssel el 4 de febrero de 2000, Klima comunicó su deseo de abandonar también la Presidencia del SPÖ. No había un favorito claro para sucederle, pero la designación de Gusenbauer el 31 de enero, sustituyendo a Andreas Rudas, como administrador federal (Bundesgeschäftsführer), un cargo cimero, equivalente a una secretaría general, que convertía a su titular en el responsable de la organización del partido, hizo que todas las miradas se dirigieran al político bajoaustríaco. En efecto, el 17 de febrero el Presidium eligió por unanimidad a Gusenbauer, recién entrado en la cuarentena de edad, como el más joven presidente federal (Bundesparteivorsitzender) en la historia de una formación con más de un siglo de existencia. A continuación, el 29 de febrero, asumió la jefatura de la bancada socialdemócrata en el Nationalrat. Gusenbauer empezó a ejercer de presidente de hecho, pero para serlo oficialmente tuvo que esperar hasta un Congreso que tuvo lugar el 29 de abril y en el que fue ratificado con el 96,5% de los votos.

Gusenbauer llegaba al liderazgo del SPÖ con unas credenciales de ideólogo izquierdista nostálgico de la era Kreisky partidario de reponer en un primer plano las esencias socialdemócratas, que habían sido relativizadas en los años de Vranitzky y Klima por la aceptación de un reformismo liberal y desregulador que en buena parte había obedecido a las exigencias de pertenecer a la UE y adoptar la moneda única europea. De Gusenbauer se esperaba que devolviera el optimismo a un partido desorientado por la escora ideológica al centro y la expulsión del Gobierno, trauma que aquella mutación no había conseguido evitar, y con las finanzas internas seriamente malparadas por la sangría de militantes, que en las dos últimas décadas se habían reducido de los 750.000 a los 300.000, con la consiguiente pérdida de cuotas económicas.

Su debut como jefe de la oposición austríaca generó numerosos titulares, pocas veces exentos de polémica. Por un lado, denostó por contraproducentes las sanciones de la UE por la inclusión del FPÖ en el Ejecutivo, pero luego declinó la invitación hecha por Schüssel de formar un “frente común” para conseguir su levantamiento. Llegado el momento de la anulación por el Consejo de la UE de las medidas de castigo, en septiembre de 2000, el SPÖ tuvo dificultades para reclamar ante la opinión pública su parte de mérito en un éxito que se apresuraron a capitalizar los populares. Antes, en abril, el líder socialdemócrata conmocionó al país al reconocer con tono contrito que después de la guerra su partido había dado en su seno un refugio político a miles de antiguos miembros del nazismo austríaco.

Pero el grueso de sus pronunciamientos fue para arremeter contra la política económica de Schüssel, que perseguía como objetivo fundamental la eliminación del déficit en las finanzas públicas, lo que pasaba por una cura de austeridad y un achicamiento del Estado. Así, tachó de “sinsentido” la propuesta de convertir el equilibrio presupuestario en una norma constitucional, criticó los planes del Gobierno de privatizar una serie de empresas públicas y calificó el programa social del ÖVP de “hecho por millonarios para millonarios”. Enzarzado con el canciller en una retahíla de reproches, Gusenbauer llegó a cuestionar la legitimidad democrática de un gobierno derechista “no elegido”, sino “instalado a sí mismo”. “Nunca hubo mandato [electoral] para este gobierno”, aseguró en una entrevista televisada en noviembre de 2000.

A comienzos de 2002, la sucesión de trifulcas entre el ÖVP y el FPÖ debido al unilateralismo populista y antieuropeo de Haider, que seguía mandando en su partido pese a haberse desprendido de la jefatura orgánica y agitando las relaciones exteriores de Austria, dio pábulo a las censuras de Gusenbauer, que diagnóstico un estado de “caos y desastre” en el Ejecutivo y vaticinó su caída antes de terminar el año. El jefe socialdemócrata no se equivocaba: en septiembre de 2002, el enfrentamiento entre Haider y sus adversarios en el FPÖ por diferencias sobre la política fiscal del Gobierno desembocó en las dimisiones de la vicecanciller y el ministro de Finanzas liberales, Susanne Riess-Passer y Karl-Heinz Grasser, no dejando a Schüssel más opción que disolver el Gabinete y convocar elecciones generales anticipadas. Complacido, Gusenbauer proclamó “el final del experimento azul-negro”.

El SPÖ acudió a los comicios del 24 de noviembre de 2002 con la meta de conseguir el 40% de los votos y la promesa de entrar en el Gobierno sólo si era la lista más votada. Es decir, Gusenbauer no contemplaba una gran coalición a menos que la Cancillería fuera para él. Sin embargo, su estrategia se dirigió más a sacar los escaños suficientes como para formar coalición con el partido de Los Verdes, al que sonreían las encuestas. Los socialdemócratas presentaron un programa centrado en el alivio de la presión fiscal a los asalariados y los pensionistas, pero en paralelo a una rebaja del impuesto de actividades económicas para estimular el crecimiento. En política exterior, destacó su disposición a celebrar un referéndum, no sobre la abolición de la neutralidad de Austria, algo acariciado por el ÖVP, que consideraba ese estatus un residuo de la Guerra Fría, sino sobre la fijación de una “neutralidad moderna” que permitiera al país participar con normalidad en la Política Europea de Seguridad y de Defensa (PESD) sin menoscabo de la doctrina nacional sobre el particular, que no admite compromisos de defensa colectiva con otros países.

El desplome del FPÖ que auguraban todos los sondeos arrojó incertidumbre a la campaña electoral, aunque los populares confiaban en ser los grandes beneficiarios del corrimiento de votos en un sector del electorado que anteriormente había manifestado en las urnas no tanto sus convicciones de extrema derecha como su protesta contra los dos partidos que habían monopolizado el poder político desde hacía más de medio siglo. En efecto, la formación conservadora experimentó una fortísima subida, hasta el 42,3% de los sufragios y los 79 escaños, convirtiéndose en la lista más votada por primera vez desde 1966. El SPÖ registró un avance significativo, pero se situó por debajo de las expectativas fundadas: con el 36,5% de los votos y 69 legisladores, Gusenbauer y los suyos hubieron de conformarse con un segundo puesto que debía saberles a humillación. Los 17 escaños obtenidos por los ecologistas tampoco eran suficientes para forjar un Gabinete roji-verde. En cuanto al FPÖ, se hundió al 10% y los 18 escaños, pero técnicamente continuó siendo apto como socio gubernamental del ÖVP.

Por pura usanza poselectoral, Gusenbauer y Schüssel entablaron unas conversaciones preliminares para ver si era posible formar una gran coalición, pero en realidad ninguno de los dos estaba por la labor. El inicio por el ÖVP de conversaciones paralelas con el FPÖ, ahora presidido por Herbert Haupt, brindó al SPÖ el pretexto para cerrar esa vía y continuar en la oposición al segundo Gabinete Schüssel, que tomó posesión el 28 de febrero de 2003.

El fiasco electoral azuzó contra Gusenbauer unas críticas internas a su liderazgo que se habían manifestado prácticamente desde que tomó el relevo a Klima, sólo que esta vez fue más difícil ponerles sordina. Las voces más estridentes procedían de la SJÖ, la rama juvenil de la que había sido jefe, donde se escucharon demandas de renuncia, pero del malestar también se hicieron eco miembros de la dirección federal, el grupo parlamentario y las secciones regionales. Las quejas convergían invariablemente en el mismo tema: Gusenbauer, con su aire de burócrata perito en cuestiones de organización y trabajo interno, resultaba frío y falto de carisma para el electorado, un terreno en el que Schüssel, según los estudios de opinión, le ganaba de calle. Sin embargo, el Congreso del partido, en un ejercicio de unidad frente a la adversidad, le ratificó en el cargo casi con el 100% de los votos.

Su segunda legislatura como líder de la oposición la pasó Gusenbauer actuando en tres terrenos: en la consolidación de su jefatura partidista, lo que exigió muchas reuniones para aclarar posturas y subsanar diferencias, en la censura de las políticas del Gobierno, que llevó consigo una guerra verbal con Schüssel, y en la presentación de las propuestas propias. En mayo de 2003 el SPÖ apoyó la huelga general convocada por la Federación de Sindicatos Austríacos (ÖGB), frente laboral ligado al partido, en contra de la reforma del sistema de pensiones, que preveía prolongar el período de cotización y retrasar drásticamente la edad mínima de jubilación. Gusenbauer coincidió con los dirigentes sindicales en criticar a Schüssel por su negativa a negociar esta importante reforma estructural en una mesa de concertación social, que era lo que dictaba la tradición republicana del diálogo y el consenso.

En octubre de 2003 Gusenbauer propuso ajustar las retenciones en nómina a la media europea, lo que entrañaría una bajada del impuesto sobre la renta y una subida de las cotizaciones a la seguridad social, acompañadas de grandes desgravaciones para las rentas laborales inferiores a los 3.500 euros al mes, así como una revisión restrictiva del gasto social en salud y educación, para que los subsidios alcanzaran a los sectores que realmente los necesitaran. La idea suscitó el rechazo de Erich Haider, jefe del partido en el bundesland de Alta Austria y miembro del Presidium, pero la victoria del SPÖ en las elecciones europeas del 13 de junio de 2004, en las que el principal partido de la oposición, con el 33,4% de los votos y siete escaños, aventajó ligeramente al ÖVP, canceló esta desavenencia.

En efecto, el liderazgo de Gusenbauer se vio reforzado, al menos entre la dirigencia del partido, por una serie de triunfos electorales que comenzaron en marzo de 2004 con la conquista del Gobierno de Salzburgo. A este logro le siguieron la elección en abril de Heinz Fischer, veterano vicepresidente del partido y ex presidente del Nationalrat, así como uno de los miembros de la ejecutiva que habían defendido a Gusenbauer frente a sus críticos internos, para el cargo de presidente de la República, en junio siguiente las elecciones europeas y en octubre de 2005 los comicios en Steiermark, donde Franz Voves, al igual que su conmilitona Gabi Burgstaller en Salzburgo, se convirtió en el primer Landeshauptmann socialdemócrata desde 1945, quebrando una prolongada hegemonía del ÖVP.

El 29 de noviembre de 2004, cuando el SPÖ aventajaba por estrecho margen al ÖVP en las encuestas de intención de voto, Gusenbauer obtuvo la reelección como presidente del partido con el respaldo del 88,9% de los compromisarios, once puntos menos que en el Congreso celebrado hacía justamente dos años. El pequeño porcentaje de votos desafectos reflejaba la persistencia de un descontento entre los cuadros medios y las bases por las dificultades de Gusenbauer para batir en pegada personal al canciller Schüssel y por las aparentes incoherencias detectadas en sus propuestas de política social y económica, que un día parecían decididamente socialdemócratas y al siguiente mostraban matices social liberales. Los comentaristas señalaron que la falta de unanimidad del congreso vienés había sido un aviso: si Gusenbauer perdía otra vez unas elecciones generales, sería obligado a dimitir.

A lo largo de 2005 y principios de 2006, el aspirante a canciller de Austria demandó al Ejecutivo que renunciara a su intención de reducir los impuestos a las rentas altas para estimular la inversión productiva y que se concentrara en combatir el paro –que, aunque sensiblemente recrecido en los últimos años, no dejaba de ser uno de los más moderados de la UE, andando la tasa en torno al 5%, aunque la tendencia actual era bajista- con políticas activas de empleo. Por lo que a él respectaba, se reafirmó en su defensa de una fiscalidad progresiva y además asumió el compromiso de abolir las tasas en la enseñanza universitaria si llegaba al poder. En líneas generales, cabía calificar su discurso programático de moderado.

Por lo que respecta al partido, Gusenbauer intentó no verse perjudicado por el controvertido apoyo que los socialdemócratas de Carintia, desobedeciendo las instrucciones dadas por la ejecutiva federal, prestaban a Haider desde el año anterior en el sostén del Gobierno de Klagenfurt. Cuando en abril de 2005 Haider y sus partidarios, teóricamente menos radicales, abandonaron el FPÖ y fundaron la Alianza por el Futuro de Austria (BZÖ, la cual heredó el rol de socio del ÖVP en el Gobierno Schüssel), el presidente del SPÖ demandó a su lugarteniente en Carintia, Peter Ambrozy, que pusiera término a la insólita coalición roja-azul, en adelante roja-naranja. Por otro lado, el SPÖ enfrió sus relaciones con Los Verdes y empezó a cortejar al más pequeño Foro Liberal (LIF), que aceptó presentar sus candidatos a diputado en las próximas elecciones dentro de las listas socialdemócratas.

Gusenbauer encaraba con optimismo la renovación del Nationalrat prevista para el 1 de octubre de 2006, pero siete meses antes se topó con el escándalo que envolvió al banco BAWAG-PSK, una de las entidades crediticias más importantes del país, fundada en el período de entreguerras para conceder préstamos baratos a los trabajadores, y del que era propietaria la ÖGB. En marzo, a rebufo de la quiebra de la compañía estadounidense de servicios financieros REFCO, a la que el banco austríaco había prestado dinero, la directiva de BAWAG-PSK fue acusada de realizar operaciones especulativas y fraudulentas a gran escala, tras lo cual el presidente de la central sindical, Fritz Verzetnitsch, se vio obligado a dimitir.

Aunque el escándalo no le tocaba directamente, el SPÖ resultó perjudicado por sus estrechos lazos con la ÖGB, que tenía por costumbre meter a algunos afiliados en las listas del partido para el Nationalrat. Preocupados por el impacto negativo de este asunto en las urnas, ya que podían evaporarse las ganancias previstas por el desgaste natural del cancillerato de Schüssel, el cansancio con la fórmula gobernante y el cisma en el FPÖ, Gusenbauer y el resto del Presidium cortaron por lo sano y retiraron las candidaturas sindicales de las listas del partido, amén de forzar la renuncia de Wilhelm Beck, cabeza del Grupo de Sindicalistas Socialdemócratas (FSG), sindicato afiliado al SPÖ e integrante mayoritario de la ÖGB.

Estas medidas preventivas no consiguieron atajar la inseguridad que se apoderó de los socialdemócratas, y además levantó protestas en los sectores situados más a la izquierda. Los sondeos volvieron a ser adversos para el SPÖ, que al parecer no pasaría del 35% de los votos, y en la recta final de la campaña al ÖVP le fue vaticinada la victoria con una mayoría simple del 38%. Gusenbauer subrayó que el SPÖ sólo aceptaría coaligarse con los populares y los verdes, quedando completamente descartada cualquier alianza con el FPÖ del extremista Heinz-Christian Strache y la BZÖ que presidía Peter Westenthaler, que durante la campaña se dedicaron a competir entre sí con un gran despliegue de populismo de derechas.

3. Recuperación de la primacía electoral e investidura como canciller de una nueva gran coalición
Las predicciones acertaron de plano con el SPÖ. El 1 de octubre, el partido de Gusenbauer cosechó un magro 35,3% de los votos, lo que le dio derecho, de acuerdo con el sistema proporcional vigente, a 68 asientos (incluido el sacado por el LIF, para su presidente, Alexander Zach) en el Nationalrat. Con respecto a las elecciones de 2002, los socialdemócratas perdieron algo más de un punto de voto y un escaño. En términos absolutos, retrocedieron en casi 130.000 sufragios, pero teniendo presente que la participación, del 78,5%, había sido casi seis puntos más baja. El rendimiento electoral no era como para voltear campanas, pero como el ÖVP sufrió un considerable e inesperado batacazo, cayendo hasta el 34,3% y los 66 escaños, la victoria fue nítida para el SPÖ. El escándalo BAWAG no resultó tan lesivo como se había temido.

Al final, Gusenbauer, que en la noche electoral, tras cerrarse las urnas y comenzar el escrutinio, comentó nervioso que ganar iba a requerir “un pequeño milagro”, podía realizar su sueño de ser canciller federal. E iba a ser al frente de una gran coalición, como las habidas en 1947-1966 y 1987-2000, la única combinación factible que proporcionaba la mayoría absoluta: la BZÖ de Haider, machacada por el FPÖ, únicamente retuvo siete escaños, dejando de ser útil para los populares; y el crecimiento de los ecologistas hasta los 21 diputados no bastaba para probar una alianza roji-verde. Un tripartito alambicado del tipo SPÖ-FPÖ-Los Verdes sí proporcionaría una exigua mayoría absoluta, y aunque Gusenbauer insinuó que podría explorar esa posibilidad, al final se impuso la fórmula más realista.

El 3 de octubre el Gobierno dimitió ritualmente para poder abrir la preceptiva ronda de consultas entre el presidente Fischer y los cabezas de agrupación. El 11 de octubre el jefe del Estado se dirigió en primer lugar a Gusenbauer, en tanto que jefe del partido más votado, con la encomienda de formar el nuevo Gobierno. Dieron entonces comienzo unas negociaciones entre el SPÖ y el ÖVP que se desarrollaron con la prolijidad habitual en este tipo de situaciones. Hasta transcurridos dos meses, el 13 de diciembre (el 31 de octubre las conversaciones fueron interrumpidas por el ÖVP por la decisión de los socialdemócratas de convocar junto con los verdes y los liberales una comisión parlamentaria que investigara la compra de unos aviones de combate del tipo Eurofighter para la Fuerza Aérea Austríaca, no volviéndose a la mesa de negociaciones hasta el 16 de noviembre), Gusenbauer y Schüssel no se sintieron habilitados para anunciar que ya tenían un acuerdo básico.

El 11 de enero de 2007, tres días después de concluir las negociaciones, Gusenbauer tomó posesión como el undécimo canciller federal desde 1945, el sexto socialdemócrata y, con 46 años, el segundo más joven desde el popular Leopold Figl (1945-1953). Junto con él tomaron posesión los otros 19 miembros del Gabinete, 13 ministros con cartera y seis secretarios de Estado. La adjudicación partidista de los puestos fue estrictamente paritaria. El SPÖ, además de la Cancillería, obtuvo Defensa, para Norbert Darabos, Justicia, para Maria Berger, Asuntos Sociales, para Erwin Buchinger, y Educación, para Claudia Schmied. El ÖVP recibió Finanzas, para Wilhelm Molterer, además vicecanciller -y, fuera del Gobierno, presidente en funciones de su partido a raíz de la dimisión de Schüssel-, Interior, para Günther Platter, Economía y Trabajo, para Martin Bartenstein, y Asuntos Exteriores y Europeos, ministerio en el que fue confirmada la titular desde 2004, Ursula Plassnik.

El 16 de enero, un día después de renunciar a su acta de diputado para concentrarse en la labor gubernamental, Gusenbauer presentó ante el Nationalrat el programa del Gobierno, que establecía más gasto público en educación, investigación e infraestructuras, la elevación del salario mínimo a los 1.000 euros mensuales y de la pensión mínima a los 726 euros, y la disponibilidad de un permiso laboral por paternidad de año y medio de duración retribuido con 800 euros mensuales. Además, se contemplaba alcanzar el pleno empleo en 2010. Ahora bien, el descuelgue de este programa, en aras del consenso con el ÖVP, de las promesas electorales del SPÖ de suprimir las tasas universitarias y aligerar los impuestos directos a las rentas medias era motivo de malestar en las filas del partido, y ya estaba siendo denunciado desde la calle por estudiantes y sindicatos.

En política de Interior, se intensificaría la lucha contra la inmigración ilegal y se agilizarían los trámites a las peticiones de asilo. También, se abordaría una reforma electoral, una reforma constitucional y una redistribución de poderes entre el Estado y los bundeslander en beneficio de éstos. En política europea, la postura de Austria sería favorable a la ampliación de la UE a los países balcánicos occidentales, en especial Croacia, y a Turquía también –un nuevo enfoque de Gusenbauer, que años atrás había manifestado su oposición a tal ingreso-, aunque en este caso, de producirse, los austríacos serían llamados a pronunciarse en referéndum. Asimismo, se defendía la validez del fracasado Tratado de la Constitución Europea, que había sido ratificado por el Parlamento nacional en mayo de 2005, como base para seguir discutiendo la pendiente reforma institucional de la Unión. Por lo que respecta a la seguridad y la defensa, el Estado no cuestionaría el estatus de neutralidad fijado en la misma Constitución pero participaría plenamente en la PESD y relanzaría la actuación exterior de las Fuerzas Armadas.

Alfred Gusenbauer mantiene desde 1988 una relación formal con Eva Steiner, una animadora turística e intérprete de idioma español vinculada a España por profesión y por ocio vacacional, aspecto este último que ha compartido con su compañero en numerosas ocasiones. La pareja ha tenido una hija, Selina, nacida en 1992.