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Coltán – El voltaje es un mineral el cual es mucho más codiciado que el oro gracias a sus particulares características y su difícil extracción

May 2, 2017 Blog 0

Surgido de la mezcla entre la columbita y la tantalina, es buscado por muchas empresas en la fabricación de tecnología como Teléfonos, Conectores Eléctricos, Gps, Aviones, Etc. Gracias a sus características muchísimo más conductiva que el cobre. Permitiendo a los diseñadores de dispositivos una mejor funcionalidad en un espacio mucho más reducido.

 

Economía ilegal del Coltán.

Se considera un mineral muy escaso en la naturaleza, no renovable y altamente estratégico ubicado en su mayoría en África (el Congo), donde es considerado “el mineral de la muerte” ya que su comercio ilegal perjudica gravemente a la nación y sus habitantes, en donde se llevan ya 5 millones de muertos para abastecer el mercado mundial, siendo responsables las empresas ilegales, guerrillas, multinacionales y contrabandistas.

 

Política del Coltán en Latinoamérica.

 

Hoy en día se ha visto violentada la tierra también de territorio latinoamericano, gracias a que la grandísima cantidad existente bajo el suelo de Venezuela y Colombia ha hecho que muchos grupos armados, potencias mundiales y empresarios ilegales se interesen por la extracción de este mineral tan codiciado. El único inconveniente es que según la constitución de ambos países, ningún mineral o metal precioso que se encuentre en el subsuelo de la tierra y mares del país le pertenecerá a un individuo, siendo el estado su único dueño y quien tiene la autoridad de decidir su comercialización o extracción. Aunque actualmente distintos informes dicen que el estado venezolano del actual presidente Nicolás Maduro, ha concedido derechos a ciertas empresas de la República Popular De China el uso del territorio y para poder extraer el mineral.

El Coltán es cotizado como el mineral más caro del planeta, en donde actualmente la política de muchos países ha notado su importancia estratégica. Y su extracción ha sido limitada, en donde la producción de países primermundistas Brasil, Australia y China ponen sus ojos en los cambios políticos de los países (africanos y latinoamericanos), solamente para analizar las probabilidades de generar ganancias gracias a los permisos que los gobiernos pueden darles.

Partido Popular Europeo-Demócratas Europeos (PPE-DE)

April 26, 2016 Blog 0
Partido Popular Europeo-Demócratas Europeos (PPE-DE)

Partido Popular Europeo-Demócratas Europeos (PPE-DE)

El objetivo principal del programa es formar profesionales especializados en temas de relaciones internacionales y de desarrollo.

Está dirigido preferentemente a: Personas interesadas en desarrollar su actividad en organismos internacionales o en el campo diplomático y en el de la cooperación para el desarrollo; cargos de la Administración pública o de la empresa privada que ejerzan tareas vinculadas al mundo internacional o de la cooperación; profesionales de los diversos medios de comunicación con dedicación a los temas internacionales o de la cooperación, y personas interesadas en el estudio y la investigación de los temas internacionales y de la cooperación para el desarrollo.Selecciona, adquiere, analiza, procesa y elabora información y documentación especializada.

Anualmente, analiza unos 400 títulos de publicaciones periódicas de todo el mundo según un listado de descriptores propio de unos 1.500 términos. Mantiene y actualiza este listado que incluye términos geográficos y de organismos internacionales. Contribuye a la elaboración de anexos documentales (mapas, estadísticas, gráficos…) de algunas de las publicaciones propias de la Fundación CIDOB.

Realizar una búsquedaEl centro de documentación gestiona referencias bibliográficas (49.000) de todo el fondo documental catalogado a partir de 1984 (disponible en la Biblioteca). Puedes buscar en la biblioteca del CIDOB los documentos de tu interés: Palabra clave Enviar Gestiona bases de datos específicas De las publicaciones periódicas (más de 1.000) pertenecientes al fondo documental de la Fundación CIDOB.

De acrónimos y siglas (más de 4.000 registros) utilizados, principalmente, para la elaboración de anexos documentales.
En el marco de la European Information Network on International Relations and Area Studies (EINIRAS), la Fundación CIDOB ha publicado una base de datos de artículos de publicaciones periódicas en línea. Esta base de datos, juntamente con las de los otros miembros de la red, está disponible en el SIPRI. Dota a los investigadores del apoyo necesario en sus investigaciones, tanto en la obtención como en la gestión de

El Parlamento Europeo invistió el 16 de enero de 2007 a su vigesimosexto presidente desde 1952, un alemán, para el período correspondiente a la segunda mitad de la legislatura iniciada en julio de 2004, luego su mandato terminará en julio de 2009. Jurisperito y eurodiputado sin interrupción desde las primeras elecciones a la Cámara de Estrasburgo, en 1979, Pöttering ha presidido el Grupo del Partido Popular Europeo-Demócratas Europeos (PPE-DE) y ha defendido con tesón el Tratado de la Constitución Europea. Su elección, sucediendo al socialista español Josep Borrell, sigue al arranque de la presidencia alemana del Consejo de la Unión y es vista como un refuerzo al plan de su conmilitona democristiana, la canciller Angela Merkel, de completar el proceso constitucional europeo antes de 2009 sobre la base del texto bloqueado desde 2005.

Biografías Líderes Políticos

March 26, 2016 Blog 0
Ban Ki Moon

Ban Ki Moon

El 1 de enero de 2007 debutó al frente de la Secretaría General de la ONU quien fuera ministro de Asuntos Exteriores de Corea del Sur desde 2004 a octubre de 2006, cuando fue propuesto para el cargo por el Consejo de Seguridad y elegido por la Asamblea General. Hombre con fama de conciliador y tesonero, Ban, de 62 años, es un diplomático de carrera que ha dedicado más de la mitad de su vida al servicio de la política exterior de su país, adquiriendo una sólida experiencia en las relaciones con Estados Unidos y Corea del Norte, siempre, y más ahora que nunca, marcadas por las amenazas a la paz y la seguridad con un trasfondo nuclear. Las metas del sucesor de Kofi Annan se resumen en la devolución de la credibilidad de una organización cuestionada por los casos de corrupción y la inoperancia frente a crisis del calibre de Irak, Palestina y Darfur.

Biografía

1. Un funcionario al servicio de las relaciones exteriores de Corea del Sur
2. Asesor presidencial y ministro de Asuntos Exteriores
3. Elección como secretario general de la ONU

1. Un funcionario al servicio de las relaciones exteriores de Corea del Sur
Primogénito de seis hermanos, nació y creció en un entorno rural en la arruinada Corea de la época, tras décadas de ocupación colonial japonesa a las que se sumaron tres años de sangrienta contienda contra el Estado coreano comunista establecido al norte del paralelo 38 como resultado de la división de la península en 1945 por soviéticos y estadounidenses, el cual invadió la República sureña en 1950. La familia vivió con una cierta opulencia hasta que el negocio de mercaderías que regentaba el padre entró en bancarrota, lo que no impidió al mayor de los hijos recibir una excelente formación. En 1962, siendo alumno de secundaria en la Escuela Superior de Chungju, Ban conoció en Washington al presidente John Kennedy como miembro de una representación de estudiantes surcoreanos recibida en la Casa Blanca en el marco de un programa de intercambio patrocinado por la Cruz Roja Americana.

Ban ha asegurado que esta experiencia personal con el presidente de Estados Unidos, a la que tuvo acceso tras ganar un examen de oratoria, le inspiró el deseo de realizar la carrera de diplomático al servicio de su país. En cuanto a su familiaridad con las Naciones Unidas, se remonta a nada menos que a los 12 años, en 1956, cuando fue escogido por sus compañeros de clase para dirigir una carta al entonces secretario general de la Organización, el sueco Dag Hammarskjöld, en la que los colegiales expresaban su apoyo a la insurrección nacional húngara contra la férula soviética.

Sus excelentes calificaciones escolares y su conocimiento del idioma inglés le abrieron las puertas de la Universidad Nacional de Seúl. En 1970 se diplomó en Relaciones Internacionales y tras superar el preceptivo examen de aptitud fue reclutado por el Ministerio de Asuntos Exteriores, que le dio su primer destino en la Misión Permanente de Corea del Sur ante la sede central de la ONU en Nueva York, legación que tenía el rango de observadora, ya que la República de Corea, al igual que la República Popular Democrática de Corea, o Corea del Norte, no poseía el estatus de Estado miembro por desacuerdos heredados del Armisticio de Panmunjom de 1953, el cual había puesto fin a la guerra de Corea pero dejado pendiente un tratado de paz entre los países beligerantes. Él, sin embargo, se ofreció voluntario para cubrir la plaza de vicecónsul en Nueva Delhi. En 1971, antes de iniciar su estancia temporal en India, contrajo matrimonio con Yoo Soon Taek, una antigua condiscípula en Chungju con la que iba a tener tres hijos, un varón y dos chicas.

En 1975 regresó a Seúl para incorporarse a la plantilla de la División de Naciones Unidas dentro del Ministerio de Exteriores surcoreano. Su carrera como funcionario diplomático completamente ajeno a la actividad política no se vio afectada por las graves perturbaciones internas del período, cuando las dictaduras cívico-militares de los presidentes Park Chung Hee y Chun Doo Hwan reprimían crudamente el movimiento democrático y perseguían a líderes opositores como el futuro presidente y Premio Nobel de la Paz Kim Dae Jung. Para el bienio 1979-1980, entenebrecido por acontecimientos dramáticos como el asesinato de Park, el golpe de Estado del general Chun y la masacre de los civiles insurrectos en la ciudad de Kwangju, Ban ya había subido en el escalafón y se encontraba fuera del país, en calidad de primer secretario de la Misión Permanente en Nueva York. Esta labor, prolongada durante casi tres años, le cualificó para dirigir la División de Naciones Unidas en el Gobierno de Seúl, función que desempeñó desde diciembre de 1980 hasta febrero de 1983.

En marzo de 1985 Ban fue nombrado secretario jefe de Protocolo adjunto al primer ministro, Lho Shin Yong, con el que ya había trabajado en la década anterior cuando el uno era vicecónsul y el otro cónsul general en la capital de India. Ese mismo año amplió su formación académica con un máster en Administración Pública impartido por la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de la Universidad de Harvard. En agosto de 1987 su servicio diplomático se vinculó a Estados Unidos como cónsul general en Washington y luego, a partir de junio de 1990, como director general de la Oficina de Asuntos Americanos del Ministerio de Exteriores.

En febrero de 1992, en el penúltimo año del Gobierno del presidente Roh Tae Woo, continuador democrático del antiguo oficialismo dictatorial, Ban se convirtió en asistente especial del ministro de Exteriores, Lee Sang Ok, y de paso en vicepresidente de la Comisión Conjunta sobre Control Nuclear, órgano de trabajo formado con Corea del Norte a raíz de la firma el 20 de enero anterior de la Declaración sobre la Desnuclearización de la Península Coreana, un documento considerado histórico por las optimistas expectativas que generó en su momento, tras décadas de división nacional y estado de guerra formal, pero que al cabo de pocos años devino papel mojado. Su primera experiencia directa en el manejo, siempre delicado y extenuante, de las enquistadas problemáticas intercoreanas, si bien breve, templó a Ban como un negociador tenaz y perseverante, que consideraba que todo diálogo era poco si se quería reconducir al agresivo e imprevisible régimen norcoreano por la senda pacifista.

En agosto de 1992 regresó a la Embajada surcoreana en Washington como ministro o encargado de misión y en febrero de 1995, rigiendo ya la administración presidencial de Kim Young Sam, fue reclamado para servir de nuevo en el aparato gubernamental del Ministerio de Exteriores. Esta vez le confiaron el cargo de viceministro de Planificación de Políticas y Organizaciones Internacionales, con una agenda centrada en la promoción de la apuesta surcoreana por obtener un asiento no permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, cuatro años después de ingresar el país en la organización internacional como Estado miembro de pleno derecho, en aspectos del comercio exterior y en los asuntos de la Cooperación Económica del Asia-Pacífico (APEC), organización de la que Corea del Sur era socio fundador en 1989. Asimismo, participó en las diversas rondas de conversaciones con Estados Unidos y Japón sobre Corea del Norte.

2. Asesor presidencial y ministro de Asuntos Exteriores
La familiaridad de Ban con los entresijos de las relaciones exteriores de Corea del Sur ganó peso en febrero de 1996 al ser nombrado por el presidente Kim su secretario de Protocolo y a continuación, en noviembre del mismo año, su asesor principal de Seguridad Nacional, cargo éste en el que reemplazó a Yoo Chong Ha, nuevo ministro de Exteriores. El cambio de Ejecutivo en febrero de 1998, cuando el líder opositor Kim Dae Jung, vencedor en las elecciones de finales del año anterior, asumió la Presidencia resuelto a involucrarse a fondo en la negociación de un marco de paz con el dictador norcoreano Kim Jong Il y así posibilitar la reunificación de la península, se tradujo para Ban en un descenso de categoría profesional, regresando a la condición de diplomático de segunda fila, aunque no por mucho tiempo.

En mayo de 1998 recibió las credenciales como embajador de Corea del Sur en Austria y Eslovenia, tras lo cual pasó a realizar en Viena una labor consular que no fue anodina porque como representante de su país ante la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) resultó designado presidente de la Comisión Preparatoria de la Organización del Tratado de Prohibición Total de Pruebas Nucleares (CTBTO). De nuevo, Ban se vio implicado en los esfuerzos para desnuclearizar las relaciones entre los estados.

Las cualidades de Ban debieron de ser tenidas en cuenta por Kim, que en enero de 2000 le trajo de vuelta a Seúl para entregarle la cartera de viceministro segundo de Asuntos Exteriores y Comercio, teniendo como inmediato superior a Lee Joung Binn. En este capítulo de su servicio al país, Ban tuvo como cometido destacado dar cuenta a los gobiernos de las cuatro potencias concernidas en la cuestión intercoreana, Estados Unidos, China, Japón y Rusia, de los resultados que iban generando la sunshine policy de Kim con respecto a Corea del Norte y en particular la histórica cumbre sostenida con su tocayo marxista en Pyongyang, en junio de 2000.

El 1 de abril de 2001 Ban fue cesado como viceministro de Exteriores y sustituido por Choi Sung Hong, hasta entonces embajador en Londres. Kim desoyó la recomendación de continuidad en el cargo de Ban que le hizo el nuevo titular del Ministerio, Han Seung Soo, y su decisión al parecer estuvo motivada por un error técnico cometido por Ban en febrero anterior, cuando el personal a su cargo pasó por alto una cláusula en el borrador de la declaración preparada para ser firmada por Kim y su colega ruso, Vladímir Putin, en el curso de la visita realizada por el segundo a Seúl, en la que los dos países expresaban la necesidad de preservar y fortalecer el Tratado de Antimisiles Balísticos (ABM), el cual estaba siendo impugnado por la nueva Administración republicana de George W. Bush en Estados Unidos porque estorbaba a su programa de Defensa Nacional Antimisiles (NMD). Luego, a comienzos de marzo, Kim, preocupado por el impacto negativo en las cruciales relaciones con Estados Unidos, había tenido que disculparse personalmente ante Bush en Washington por la inclusión de aquella cláusula. A últimos de mes, Kim prescindió del ministro Lee Joung Binn, pero la remoción del viceministro días después resultó inesperada.

Fuentes de la prensa del país asiático aseguran que Ban, sujeto al típico sentido del honor oriental, se sintió profundamente avergonzado y humillado por este despido, que le dejó sin ocupación definida. Sin embargo, el ministro Han no tardó en alistarle en el equipo diplomático adjunto a la Asamblea General de la ONU, cuya presidencia temporal recaía este año en Corea del Sur. El 12 de septiembre de 2001, en pleno estado de crisis por los atentados cometidos en la víspera por Al Qaeda en Nueva York y Washington, arrancó la 56ª Sesión Ordinaria de la Asamblea General bajo la presidencia de Han y con Ban asistiéndole como su jefe de gabinete. Desde esta posición instrumental, Ban participó en la implementación de una rápida resolución de condena de los ataques terroristas.

La llegada el 25 de febrero de 2003 a la jefatura del Estado de Roh Moo Hyun, candidato del gobernante Partido Democrático del Milenio (PDM) y vencedor en las elecciones presidenciales del 19 de diciembre, sacó a Ban de esta especie de penumbra profesional, que parecía impropia de un servidor con su experiencia. El nuevo presidente nombró al veterano funcionario asesor personal de Política Exterior, un cometido de confianza pero sin responsabilidad política que preludió el salto al puesto cimero que llevaba tantos años esquivándole, el ministerio de Asuntos Exteriores y Comercio. La ocasión se planteó el 15 de enero de 2004, cuando el titular Yoon Young Kwan presentó la dimisión a rebufo de unas críticas internas a su gestión, tachada de excesivamente proestadounidense.

Al día siguiente, 16 de enero, Roh entregó la cartera a Ban, con la misión, según los observadores, de corregir las fisuras abiertas en las relaciones con Estados Unidos debido a la línea no transigente de Bush frente a Corea del Norte, que había vuelto a las andadas de los desafíos y las provocaciones en el terreno nuclear, y su escasa fe en el éxito de la sunshine policy, rebautizada por Roh como política de paz y prosperidad, y ahora mismo sumida en la más completa incertidumbre precisamente por el regreso de la retórica belicista de Pyongyang. Ban estaba considerado un pragmático y un conciliador capaz de acercar a las tendencias aliancista e independentista formadas en el Ministerio en relación con Estados Unidos, potencia que desde el Armisticio de 1953 tiene asumidas responsabilidades en la seguridad de Corea del Sur a través de los 37.000 soldados estacionados en el país y de su paraguas nuclear.

El segundo enfoque casaba bien con el sentir nacionalista y pacifista en auge en la opinión pública surcoreana, y no chirriaba tampoco con las relaciones bilaterales más equitativas y equilibradas que preconizaba Roh. Para el presidente, que acababa de decidir el envío a Irak de más de 3.000 soldados para complacer a la Casa Blanca, el perfil de Ban, considerado un diplomático de la escuela de Washington pero que al mismo tiempo hacía buenas migas con oficiales del núcleo nacionalista del Ejecutivo, era idóneo para la circunstancia.

El ejercicio ministerial de Ban duró cerca de tres años y estuvo preñado de dificultades. El agravamiento de la escalada nuclear y los lanzamientos de misiles balísticos sobre el mar por Corea del Norte determinaron un balance infructuoso, más allá de algunos avances concretos que fueron casi inmediatamente anulados por las retractaciones y las acciones unilaterales del errático régimen de Pyongyang -más interesado en negociar de manera bilateral con Washington para librarse de las sanciones económicas-, de las conversaciones sexpartitas que reunieron en Beijing a ambas Coreas, Estados Unidos, China, Japón y Rusia. Esta mesa de diálogo a seis bandas surgió para intentar hallar una solución al conflicto de seguridad creado en 2003 por Corea del Norte al abandonar el Tratado de No Proliferación Nuclear y confirmar su objetivo de dotarse de armas atómicas.

Aunque no participó personalmente en estas reuniones (las rondas segunda y tercera, las dos fases de la cuarta ronda y la primera fase de la quinta, entre febrero de 2004 y noviembre de 2005), ya que allí acudían representantes no máximos de los respectivos ministerios de Exteriores, Ban tuvo una presencia indirecta en las mismas como el responsable de transmitir las instrucciones al interlocutor surcoreano, el viceministro Lee Soo Hyuk, al que luego tomó el relevo el viceministro Song Min Soon, y de comunicar los resultados al presidente Roh, así como el responsable de preparar las sucesivas rondas con el concurso de las demás partes.

Por otro lado, Ban supervisó el diálogo específicamente intercoreano, tanto o más agónico que el multilateral de Beijing -los encuentros con su homólogo del Norte, Paek Nam Sun, en julio en 2004 en Yakarta, julio de 2005 en Vientiane y julio de 2006 en Kuala Lumpur, aprovechando siempre el marco del Foro Regional de la ASEAN, no generaron grandes titulares-, y sobrellevó las relaciones con Japón, tensionadas por la publicación en el país vecino de unos manuales de historia para escolares en los que se relativizaba las atrocidades cometidas por el Ejército imperial japonés en la pasada guerra, y por las visitas periódicas del primer ministro Junichiro Koizumi a un santuario shintoísta donde se honra a destacados criminales de guerra. Fue Ban el encargado de transmitir el enfado del Gobierno surcoreano por estas peregrinaciones al embajador japonés en Seúl, al que en octubre de 2005 convocó a su despacho para que diera las oportunas explicaciones. Como ministro de Exteriores, Ban participó en las cumbres anuales de la APEC y de la ASEAN+3, y preparó los viajes de Roh al exterior. Debido a los avatares de la política doméstica, sirvió con cinco primeros ministros, dos de ellos en funciones.

3. Elección como secretario general de la ONU
Pero a Ban le rondaba el sueño de la Secretaría General de la ONU, que el primero de enero de 2007 desocupaba el ghanés Kofi Annan a la conclusión del segundo de sus dos mandatos de cinco años. De acuerdo con una convención no escrita, el cargo debía ser ocupado por una personalidad cualificada con experiencia internacional y perteneciente a un país que no fuera una gran potencia ni tuviera asiento permanente en el Consejo de Seguridad. También, se trataba de ir rotando la procedencia continental del titular, y esta vez existía un cierto consenso sobre que le tocaba a Asia. El primer y último secretario general asiático había sido el birmano U Thant, entre 1961 y 1971.

El 14 de febrero de 2006, precedido por varios comentarios no explícitos, el Ministerio de Exteriores surcoreano anunció, por boca del viceministro Yu Myung Hwan, que Ban, con 61 años, era aspirante a ocupar un puesto que era el más importante y prestigioso de todos los relacionados con la función pública internacional, pero al que se llegaba por un procedimiento poco democrático y oscuro, siendo básicamente una designación pactada fuera de foco por los estados miembros y en la que la opinión de los cinco grandes del Consejo de Seguridad, con su derecho de veto, era decisiva.

De acuerdo con la Carta de las Naciones Unidas, las funciones del secretario general incluyen el nombramiento del personal administrativo, la presentación de un informe anual sobre la actividad de su organización y la puesta en conocimiento del Consejo de Seguridad de cualquier asunto que pueda alterar la paz y la seguridad internacionales. Carente de poder vinculante, del secretario general se espera una autoridad moral y un dinamismo diplomático capaces de modificar las políticas de los gobiernos en un sentido acorde con el derecho internacional emanado de la ONU y en el interés de los pueblos y de la comunidad internacional en su conjunto, aunque crisis actuales como las de Darfur en Sudán, Irak, Líbano o Palestina, ensombreciendo la recta final del mandato de Annan, ponían dramáticamente en evidencia las limitaciones que afectaban al mal llamado jefe de la ONU.

Además del diplomático surcoreano presentaron su postulación para el puesto otras seis personalidades: el indio Shashi Tharoor, subsecretario general de la ONU para la Comunicación y la Información Pública; Surakiart Sathirathai, viceprimer ministro de Tailandia; Ashraf Ghani, ex ministro de Finanzas de Afganistán y rector de la Universidad de Kabul; el antiguo diplomático y subsecretario general Jayantha Dhanapala, de Sri Lanka; el príncipe Zeid al-Hussein de Jordania, representante permanente de su país en ONU; y la presidenta en ejercicio de Letonia, Vaira Vike-Freiberga. Ninguno de ellos cuestionó la condición de favorito de Ban, que desde el principio contó con el apoyo mayoritario de los miembros del Consejo de Seguridad. El proceso de selección comenzó el 24 de julio con una votación preliminar en la que Ban resultó ganador, siendo entonces sus contrincantes únicamente Tharoor, Sathirathai y Dhanapala. Lo mismo sucedió en otras tres votaciones informales y secretas celebradas el 14 de septiembre, el 28 de septiembre y el 2 de octubre, en la última de las cuales el surcoreano obtuvo 14 votos favorables con una no opinión o abstención. Los demás candidatos recibieron el voto en contra de al menos un miembro permanente, es decir, un veto.

Tras la votación del 2 de octubre, el indio Tharoor, que había quedado el segundo en todos los escrutinios, retiró su candidatura, dejando todo listo para que el 9 de octubre el Consejo de Seguridad aprobara a Ban por unanimidad y, mediante la resolución 1.715, transmitiera a la Asamblea General la recomendación de su nombramiento como secretario general para el período comprendido entre el 1 de enero de 2007 y el 31 de diciembre de 2011.

Ese mismo día, Corea del Norte, materializando la amenaza lanzada días atrás, realizó una prueba nuclear subterránea, con el consiguiente revuelo internacional. De hecho, el Consejo de Seguridad se reunió en sesión de emergencia y empezó a debatir una resolución de condena a Corea del Norte -que iba a incluir un paquete de sanciones- nada más tramitar la designación de Ban. Para quien no creía en las casualidades, la sucesión de ambos acontecimientos con escasas horas de diferencia revestía un profundo simbolismo: el diplomático que venía trabajando por la paz y la seguridad en la península coreana desde un puesto gubernamental, se encaramaba a la ONU en el preciso momento en que años de esfuerzos negociadores, muchas veces trufados de posibilismo y condescendencia, eran arruinados por la insensatez del régimen de Pyongyang.

El sistema internacional que Ban se disponía a monitorizar acababa de ganar un grado de inseguridad e incertidumbre. Sin embargo, él se mostraba animado. Así, afirmó que durante su mandato abordaría directamente la crisis nuclear norcoreana y, si podía, visitaría Pyongyang para persuadir a Kim Jong Il de que abandonara los envites belicistas y retomara la vía del diálogo. Dado que tengo un mayor conocimiento y experiencia sobre las relaciones intercoreanas, incluida Corea del Norte, creo que estaré en una mejor posición [que Annan] para abordar este asunto como secretario general, manifestó.

El 13 de octubre la Asamblea General cumplió el trámite de nombrar a Ban por aclamación de sus 192 miembros y al día siguiente el surcoreano prestó juramento ante la Asamblea como el octavo secretario general desde 1946. En su discurso inaugural, Ban rindió tributo a su predecesor y expuso un abanico de intenciones. Aseguró que una de sus tareas principales iba a ser insuflar nueva vida e inyectar renovada confianza en la oficina que pasaba a su cargo, y que él y el personal bajo su jurisdicción iban a guiarse por los más altos niveles de eficiencia, competencia e integridad. El acento puesto por Ban en el cumplimiento de unos elevados estándares éticos y en la necesidad de restaurar la confianza en la Organización era obligado tras el reguero de imputaciones de fraude y corrupción realizadas en los últimos tiempos contra ramas enteras del organigrama de la ONU, siendo especialmente escandaloso el caso de las malversaciones millonarias de los fondos del programa humanitario Petróleo por Alimentos, destinado a Irak. El 1 de noviembre Ban se dio de baja en el Gobierno de Corea del Sur, siendo sustituido por el hasta entonces número dos del Ministerio de Exteriores, Song Min Soon.

La elección del tímido y modesto Ban no despertó entusiasmos ni grandes expectativas en la opinión pública internacional. Aunque respetado por su competencia profesional y su talante conciliador (él mismo se definió como armonizador, equilibrador y mediador), el ya ex ministro de Exteriores tendía a ser visto como un burócrata de la diplomacia gris, rígido y sin carisma, cuya aversión al disenso y su insistencia en la apertura de puentes de diálogo entre los gobiernos podían ser interpretados como una propensión a plegarse dócilmente al criterio de las potencias y a ofrecer fórmulas operativas con un mínimo común denominador o vacías de sustancia. De los representantes gubernamentales y los altos funcionarios de la ONU, empero, no salieron declaraciones de escepticismo y sí muchas alabanzas. Annan, en particular, saludó a su sucesor como un hombre excepcionalmente ajustado a las sensibilidades de países de todos los continentes y dotado de una mentalidad verdaderamente global.

Algunos comentaristas se preguntaron si Ban se dejaría manipular por los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, en especial por Estados Unidos, que ya había deslizado su expectativa de que el nuevo secretario general se concentrase en la reforma interna y renunciase al activismo internacional, y si su perfil era el más adecuado para despachar con energía una agenda llena de urgencias, como podían ser la reforma administrativa de la Organización, la amenaza de la proliferación nuclear –terreno en el que sí podía decirse que era perito-, el caos de violencia que atenazaba Oriente Próximo, la negativa del Gobierno sudanés a permitir el despliegue de una operación de cascos azules en la región de Darfur y las metas sanitarias, medioambientales y de desarrollo humano definidas por los Objetivos de Desarrollo del Milenio, cuyo cumplimiento en 2015, a sólo ocho años vista, rayaba en lo quimérico.

Otros analistas pusieron de relieve aspectos de la personalidad de Ban como el tesón, la paciencia y una laboriosidad silenciosa que podrían producir unos resultados iguales o superiores a los conseguidos por un secretario general más vehemente y mediático. Éste era un perfil aplicable a Annan, quien había terminado teniendo unas pésimas relaciones con el Gobierno estadounidense. Otro motivo de controversia, y no baladí, fue en relación con la poliglotía de Ban: según su currículum, dominaba el inglés y el francés, pero periodistas francófonos que le habían tratado pusieron en duda su pericia con el segundo idioma.

Ban Ki Moon está en posesión de la Orden del Mérito al Servicio del Gobierno de Corea del Sur (por triplicado, en 1975, 1986 y 2006), la Gran Condecoración al Honor de la República de Austria (2001), la Orden de Río Branco en grado de Gran Cruz de la República de Brasil (2002), la Medalla de la Orden Nacional del Mérito de la República de Argelia (2006) y la Medalla Conmemorativa del Héroe de la Libertad de la República de Hungría (2006). Asimismo, la organización con sede en Nueva York Korea Society le otorgó en 2004 el Premio James A. Van Fleet por sus contribuciones a la amistad entre Estados Unidos y la República de Corea.

El líder del Partido Socialdemócrata de Austria

March 26, 2016 Blog 0
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El líder del Partido Socialdemócrata de Austria

El líder del Partido Socialdemócrata de Austria (SPÖ) se convirtió el 11 de enero de 2007 en canciller federal del país centroeuropeo al frente de un Gobierno de gran coalición con el conservador Partido Popular Austríaco (ÖVP), el primero de este tipo desde el año 2000, cuando su predecesor correligionario, Viktor Klima, hubo de dejar paso a la polémica alianza forjada por los populares de Wolfgang Schüssel y la extrema derecha de Jörg Haider. Político profesional dedicado exclusivamente al servicio del partido desde la juventud, Gusenbauer ha necesitado más de tres meses de negociaciones con el canciller saliente del ÖVP para alinear un Gabinete que refleje el balance de fuerzas salido de las elecciones generales del 1 de octubre de 2006, las cuales fueron ganadas por el SPÖ con una mínima mayoría simple.

Biografía

1. Una carrera política iniciada en las bases del SPÖ
2. Presidente del partido y jefe de la oposición al Gobierno Schüssel
3. Recuperación de la primacía electoral e investidura como canciller de una nueva gran coalición

1. Una carrera política iniciada en las bases del SPÖ
Retoño de una familia de clase trabajadora, su infancia y primera juventud discurrieron en Ybbs an der Donau, pequeña población orillada, como su nombre indica, al Danubio y perteneciente al bundesland o estado federado de Baja Austria (Niederösterreich). Los Gusenbauer eran votantes del entonces llamado Partido Socialista de Austria (SPÖ), que en 1970 recobró la jefatura del Gobierno federal, tras 25 años de cancilleres del conservador Partido Popular Austríaco (ÖVP), de la mano de Bruno Kreisky. Según su biografía oficial, escrita en primera persona, el joven Gusenbauer se sintió fascinado por la personalidad del nuevo canciller, al que tuvo la oportunidad de oírle hablar en el ayuntamiento de su localidad en 1967, cuando tenía siete años, al poco de hacerse Kreisky con las riendas del partido en sustitución de Bruno Pittermann.

Gusenbauer parecía abocado a recibir una formación profesional y a empezar a trabajar pronto como otros chicos de su extracción social, pero el director de su colegio de primaria recomendó a los padres que el muchacho continuara estudiando y se preparara para la universidad. El acceso a la escuela superior (gymnasium) de la cercana ciudad de Wieselburg le puso en contacto con material lectivo que incrementó su interés por la teoría y la práctica de la política. En 1977, con 17 años, ya era un miembro destacado de la Juventud Socialista de Austria (SJÖ), la sección juvenil del SPÖ, en el distrito de Melk, al que pertenece Ybbs an der Donau. Poco después inició la carrera de Derecho en la Universidad de Viena y en 1980 entró en el Comité Ejecutivo Federal de la SJÖ como representante de la Baja Austria. Mientras su formación universitaria se orientaba a la Filosofía y las Ciencias Políticas, su incipiente carrera política tomó una dirección ascendente, convirtiéndose en secretario ejecutivo de la SJÖ en 1981, presidente federal de la organización en 1984 y vicepresidente de la Unión Internacional de la Juventud Socialista (IUSY) en 1985.

En 1987, al poco de inaugurarse el primer Gobierno de gran coalición entre el SPÖ y el ÖVP en dos décadas bajo la presidencia de Franz Vranitzky, canciller desde el año anterior, Gusenbauer remató sus estudios en la Universidad vienesa con un doctorado en Ciencias Políticas y un trabajo de tesis sobre el movimiento pacifista austríaco, muy en la línea del ideario favorable al desarme y al neutralismo activo de que hacía gala el partido y Kreisky en particular. Ser un discípulo y un protegido del anciano Kreisky, muy influyente aún, un lustro después de abandonar la Cancillería y la jefatura del partido, desde el puesto de presidente honorario del SPÖ, facilitó las ambiciones políticas de Gusenbauer, que en junio de 1989 fue designado a instancias de su mentor vicepresidente de la Internacional Socialista, ocupando el puesto que aquel, mermado de salud (iba a fallecer en julio de 1990 a los 79 años), desalojaba.

En 1990 Gusenbauer entró a trabajar como asistente de investigación en el Departamento de Política Económica de la Cámara del Trabajo de la Baja Austria, bundesland que, por cierto, era un bastión inamovible del ÖVP, partido que había puesto a todos los jefes del gobierno regional desde 1945 (en abierto contraste con das Rote Wien, la Viena Roja, ciudad-estado incrustada en la Baja Austria y gobernada por alcaldes del SPÖ también desde el final de la Segunda Guerra Mundial), y de paso fue elegido presidente del SPÖ en el distrito de Melk. El salto decisivo a la política federal lo dio en febrero de 1991, con 31 años recién cumplidos y cuatro meses antes de que el partido, consciente de la necesidad de renovarse después de la pérdida de la mayoría absoluta parlamentaria en 1983 y de los cambios revolucionarios acaecidos en la Europa del Este, decidiera sustituir su denominación de socialista por la de socialdemócrata. Primero fue elegido miembro del Comité Ejecutivo y del Presidium del partido en la Baja Austria, y a continuación el Landtag o Asamblea estatal le eligió representante del bundesland en el Bundesrat o Consejo Federal, la Cámara alta del Parlamento de Viena. Adicionalmente, se puso al frente de los socialdemócratas en Ybbs an der Donau.

Su mandato legislativo, desempeñado en el Nationalrat o Cámara baja desde enero de 1993, permitió a Gusenbauer ensanchar sus horizontes internacionales, ya que integró la delegación austríaca en la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, cuyo Comité de Asuntos Sociales, de la Salud y de la Familia presidió entre 1995 y 1998. En el hemiciclo vienés presidió el Comité de Desarrollo y Cooperación desde 1996 hasta 1999. En noviembre de este último año alcanzó el puesto de Landesgeschäftsführer o administrador jefe del SPÖ en la Baja Austria en el contexto de la resaca de las elecciones federales del 3 de octubre, que resultaron doblemente amargas para los socialdemócratas: primero, porque descendieron a los 65 escaños, entre ellos el de Gusenbauer, que obtuvo su tercera reelección consecutiva, y al 33,1% del voto, cinco puntos menos que en la edición de 1995, tratándose de hecho de sus peores resultados desde la instauración de la II República; y segundo, por la espectacular subida, hasta empatar con el ÖVP, registrada por el Partido Liberal de Austria (FPÖ), formación, a pesar de su nombre, de corte ultraderechista y liderada por el jefe del Gobierno de Carintia, Jörg Haider, cuya promoción al puesto en 1986 había empujado a Vranitzky a declarar finalizado un trienio de coalición gubernamental entre socialdemócratas y liberales.

Como venía sucediendo en los últimos 16 años, ser el primer partido del país no le sirvió al SPÖ, conducido desde la dimisión de Vranitzky en enero 1997 por Viktor Klima, para gobernar en solitario, pero esta vez, por primera vez desde el triunfo de Kreisky en 1970, ni siquiera para presidir el Ejecutivo o estar presente en el mismo. El líder de los populares y vicecanciller saliente, Wolfgang Schüssel, optó por enterrar la gran coalición y negociar con Haider la formación de otra pintada con los colores negro y azul, lo que levantó una formidable polvareda dentro y fuera de Austria debido a los coqueteos xenófobos y filonazis del FPÖ, hasta el punto de que la Unión Europea (UE) aplicó a su Estado miembro un paquete de sanciones de signo político y diplomático, concentradas en la reducción de contactos oficiales con representantes de las instituciones austríacas.

2. Presidente del partido y jefe de la oposición al Gobierno Schüssel
Ya antes de entregar la Cancillería a Schüssel el 4 de febrero de 2000, Klima comunicó su deseo de abandonar también la Presidencia del SPÖ. No había un favorito claro para sucederle, pero la designación de Gusenbauer el 31 de enero, sustituyendo a Andreas Rudas, como administrador federal (Bundesgeschäftsführer), un cargo cimero, equivalente a una secretaría general, que convertía a su titular en el responsable de la organización del partido, hizo que todas las miradas se dirigieran al político bajoaustríaco. En efecto, el 17 de febrero el Presidium eligió por unanimidad a Gusenbauer, recién entrado en la cuarentena de edad, como el más joven presidente federal (Bundesparteivorsitzender) en la historia de una formación con más de un siglo de existencia. A continuación, el 29 de febrero, asumió la jefatura de la bancada socialdemócrata en el Nationalrat. Gusenbauer empezó a ejercer de presidente de hecho, pero para serlo oficialmente tuvo que esperar hasta un Congreso que tuvo lugar el 29 de abril y en el que fue ratificado con el 96,5% de los votos.

Gusenbauer llegaba al liderazgo del SPÖ con unas credenciales de ideólogo izquierdista nostálgico de la era Kreisky partidario de reponer en un primer plano las esencias socialdemócratas, que habían sido relativizadas en los años de Vranitzky y Klima por la aceptación de un reformismo liberal y desregulador que en buena parte había obedecido a las exigencias de pertenecer a la UE y adoptar la moneda única europea. De Gusenbauer se esperaba que devolviera el optimismo a un partido desorientado por la escora ideológica al centro y la expulsión del Gobierno, trauma que aquella mutación no había conseguido evitar, y con las finanzas internas seriamente malparadas por la sangría de militantes, que en las dos últimas décadas se habían reducido de los 750.000 a los 300.000, con la consiguiente pérdida de cuotas económicas.

Su debut como jefe de la oposición austríaca generó numerosos titulares, pocas veces exentos de polémica. Por un lado, denostó por contraproducentes las sanciones de la UE por la inclusión del FPÖ en el Ejecutivo, pero luego declinó la invitación hecha por Schüssel de formar un “frente común” para conseguir su levantamiento. Llegado el momento de la anulación por el Consejo de la UE de las medidas de castigo, en septiembre de 2000, el SPÖ tuvo dificultades para reclamar ante la opinión pública su parte de mérito en un éxito que se apresuraron a capitalizar los populares. Antes, en abril, el líder socialdemócrata conmocionó al país al reconocer con tono contrito que después de la guerra su partido había dado en su seno un refugio político a miles de antiguos miembros del nazismo austríaco.

Pero el grueso de sus pronunciamientos fue para arremeter contra la política económica de Schüssel, que perseguía como objetivo fundamental la eliminación del déficit en las finanzas públicas, lo que pasaba por una cura de austeridad y un achicamiento del Estado. Así, tachó de “sinsentido” la propuesta de convertir el equilibrio presupuestario en una norma constitucional, criticó los planes del Gobierno de privatizar una serie de empresas públicas y calificó el programa social del ÖVP de “hecho por millonarios para millonarios”. Enzarzado con el canciller en una retahíla de reproches, Gusenbauer llegó a cuestionar la legitimidad democrática de un gobierno derechista “no elegido”, sino “instalado a sí mismo”. “Nunca hubo mandato [electoral] para este gobierno”, aseguró en una entrevista televisada en noviembre de 2000.

A comienzos de 2002, la sucesión de trifulcas entre el ÖVP y el FPÖ debido al unilateralismo populista y antieuropeo de Haider, que seguía mandando en su partido pese a haberse desprendido de la jefatura orgánica y agitando las relaciones exteriores de Austria, dio pábulo a las censuras de Gusenbauer, que diagnóstico un estado de “caos y desastre” en el Ejecutivo y vaticinó su caída antes de terminar el año. El jefe socialdemócrata no se equivocaba: en septiembre de 2002, el enfrentamiento entre Haider y sus adversarios en el FPÖ por diferencias sobre la política fiscal del Gobierno desembocó en las dimisiones de la vicecanciller y el ministro de Finanzas liberales, Susanne Riess-Passer y Karl-Heinz Grasser, no dejando a Schüssel más opción que disolver el Gabinete y convocar elecciones generales anticipadas. Complacido, Gusenbauer proclamó “el final del experimento azul-negro”.

El SPÖ acudió a los comicios del 24 de noviembre de 2002 con la meta de conseguir el 40% de los votos y la promesa de entrar en el Gobierno sólo si era la lista más votada. Es decir, Gusenbauer no contemplaba una gran coalición a menos que la Cancillería fuera para él. Sin embargo, su estrategia se dirigió más a sacar los escaños suficientes como para formar coalición con el partido de Los Verdes, al que sonreían las encuestas. Los socialdemócratas presentaron un programa centrado en el alivio de la presión fiscal a los asalariados y los pensionistas, pero en paralelo a una rebaja del impuesto de actividades económicas para estimular el crecimiento. En política exterior, destacó su disposición a celebrar un referéndum, no sobre la abolición de la neutralidad de Austria, algo acariciado por el ÖVP, que consideraba ese estatus un residuo de la Guerra Fría, sino sobre la fijación de una “neutralidad moderna” que permitiera al país participar con normalidad en la Política Europea de Seguridad y de Defensa (PESD) sin menoscabo de la doctrina nacional sobre el particular, que no admite compromisos de defensa colectiva con otros países.

El desplome del FPÖ que auguraban todos los sondeos arrojó incertidumbre a la campaña electoral, aunque los populares confiaban en ser los grandes beneficiarios del corrimiento de votos en un sector del electorado que anteriormente había manifestado en las urnas no tanto sus convicciones de extrema derecha como su protesta contra los dos partidos que habían monopolizado el poder político desde hacía más de medio siglo. En efecto, la formación conservadora experimentó una fortísima subida, hasta el 42,3% de los sufragios y los 79 escaños, convirtiéndose en la lista más votada por primera vez desde 1966. El SPÖ registró un avance significativo, pero se situó por debajo de las expectativas fundadas: con el 36,5% de los votos y 69 legisladores, Gusenbauer y los suyos hubieron de conformarse con un segundo puesto que debía saberles a humillación. Los 17 escaños obtenidos por los ecologistas tampoco eran suficientes para forjar un Gabinete roji-verde. En cuanto al FPÖ, se hundió al 10% y los 18 escaños, pero técnicamente continuó siendo apto como socio gubernamental del ÖVP.

Por pura usanza poselectoral, Gusenbauer y Schüssel entablaron unas conversaciones preliminares para ver si era posible formar una gran coalición, pero en realidad ninguno de los dos estaba por la labor. El inicio por el ÖVP de conversaciones paralelas con el FPÖ, ahora presidido por Herbert Haupt, brindó al SPÖ el pretexto para cerrar esa vía y continuar en la oposición al segundo Gabinete Schüssel, que tomó posesión el 28 de febrero de 2003.

El fiasco electoral azuzó contra Gusenbauer unas críticas internas a su liderazgo que se habían manifestado prácticamente desde que tomó el relevo a Klima, sólo que esta vez fue más difícil ponerles sordina. Las voces más estridentes procedían de la SJÖ, la rama juvenil de la que había sido jefe, donde se escucharon demandas de renuncia, pero del malestar también se hicieron eco miembros de la dirección federal, el grupo parlamentario y las secciones regionales. Las quejas convergían invariablemente en el mismo tema: Gusenbauer, con su aire de burócrata perito en cuestiones de organización y trabajo interno, resultaba frío y falto de carisma para el electorado, un terreno en el que Schüssel, según los estudios de opinión, le ganaba de calle. Sin embargo, el Congreso del partido, en un ejercicio de unidad frente a la adversidad, le ratificó en el cargo casi con el 100% de los votos.

Su segunda legislatura como líder de la oposición la pasó Gusenbauer actuando en tres terrenos: en la consolidación de su jefatura partidista, lo que exigió muchas reuniones para aclarar posturas y subsanar diferencias, en la censura de las políticas del Gobierno, que llevó consigo una guerra verbal con Schüssel, y en la presentación de las propuestas propias. En mayo de 2003 el SPÖ apoyó la huelga general convocada por la Federación de Sindicatos Austríacos (ÖGB), frente laboral ligado al partido, en contra de la reforma del sistema de pensiones, que preveía prolongar el período de cotización y retrasar drásticamente la edad mínima de jubilación. Gusenbauer coincidió con los dirigentes sindicales en criticar a Schüssel por su negativa a negociar esta importante reforma estructural en una mesa de concertación social, que era lo que dictaba la tradición republicana del diálogo y el consenso.

En octubre de 2003 Gusenbauer propuso ajustar las retenciones en nómina a la media europea, lo que entrañaría una bajada del impuesto sobre la renta y una subida de las cotizaciones a la seguridad social, acompañadas de grandes desgravaciones para las rentas laborales inferiores a los 3.500 euros al mes, así como una revisión restrictiva del gasto social en salud y educación, para que los subsidios alcanzaran a los sectores que realmente los necesitaran. La idea suscitó el rechazo de Erich Haider, jefe del partido en el bundesland de Alta Austria y miembro del Presidium, pero la victoria del SPÖ en las elecciones europeas del 13 de junio de 2004, en las que el principal partido de la oposición, con el 33,4% de los votos y siete escaños, aventajó ligeramente al ÖVP, canceló esta desavenencia.

En efecto, el liderazgo de Gusenbauer se vio reforzado, al menos entre la dirigencia del partido, por una serie de triunfos electorales que comenzaron en marzo de 2004 con la conquista del Gobierno de Salzburgo. A este logro le siguieron la elección en abril de Heinz Fischer, veterano vicepresidente del partido y ex presidente del Nationalrat, así como uno de los miembros de la ejecutiva que habían defendido a Gusenbauer frente a sus críticos internos, para el cargo de presidente de la República, en junio siguiente las elecciones europeas y en octubre de 2005 los comicios en Steiermark, donde Franz Voves, al igual que su conmilitona Gabi Burgstaller en Salzburgo, se convirtió en el primer Landeshauptmann socialdemócrata desde 1945, quebrando una prolongada hegemonía del ÖVP.

El 29 de noviembre de 2004, cuando el SPÖ aventajaba por estrecho margen al ÖVP en las encuestas de intención de voto, Gusenbauer obtuvo la reelección como presidente del partido con el respaldo del 88,9% de los compromisarios, once puntos menos que en el Congreso celebrado hacía justamente dos años. El pequeño porcentaje de votos desafectos reflejaba la persistencia de un descontento entre los cuadros medios y las bases por las dificultades de Gusenbauer para batir en pegada personal al canciller Schüssel y por las aparentes incoherencias detectadas en sus propuestas de política social y económica, que un día parecían decididamente socialdemócratas y al siguiente mostraban matices social liberales. Los comentaristas señalaron que la falta de unanimidad del congreso vienés había sido un aviso: si Gusenbauer perdía otra vez unas elecciones generales, sería obligado a dimitir.

A lo largo de 2005 y principios de 2006, el aspirante a canciller de Austria demandó al Ejecutivo que renunciara a su intención de reducir los impuestos a las rentas altas para estimular la inversión productiva y que se concentrara en combatir el paro –que, aunque sensiblemente recrecido en los últimos años, no dejaba de ser uno de los más moderados de la UE, andando la tasa en torno al 5%, aunque la tendencia actual era bajista- con políticas activas de empleo. Por lo que a él respectaba, se reafirmó en su defensa de una fiscalidad progresiva y además asumió el compromiso de abolir las tasas en la enseñanza universitaria si llegaba al poder. En líneas generales, cabía calificar su discurso programático de moderado.

Por lo que respecta al partido, Gusenbauer intentó no verse perjudicado por el controvertido apoyo que los socialdemócratas de Carintia, desobedeciendo las instrucciones dadas por la ejecutiva federal, prestaban a Haider desde el año anterior en el sostén del Gobierno de Klagenfurt. Cuando en abril de 2005 Haider y sus partidarios, teóricamente menos radicales, abandonaron el FPÖ y fundaron la Alianza por el Futuro de Austria (BZÖ, la cual heredó el rol de socio del ÖVP en el Gobierno Schüssel), el presidente del SPÖ demandó a su lugarteniente en Carintia, Peter Ambrozy, que pusiera término a la insólita coalición roja-azul, en adelante roja-naranja. Por otro lado, el SPÖ enfrió sus relaciones con Los Verdes y empezó a cortejar al más pequeño Foro Liberal (LIF), que aceptó presentar sus candidatos a diputado en las próximas elecciones dentro de las listas socialdemócratas.

Gusenbauer encaraba con optimismo la renovación del Nationalrat prevista para el 1 de octubre de 2006, pero siete meses antes se topó con el escándalo que envolvió al banco BAWAG-PSK, una de las entidades crediticias más importantes del país, fundada en el período de entreguerras para conceder préstamos baratos a los trabajadores, y del que era propietaria la ÖGB. En marzo, a rebufo de la quiebra de la compañía estadounidense de servicios financieros REFCO, a la que el banco austríaco había prestado dinero, la directiva de BAWAG-PSK fue acusada de realizar operaciones especulativas y fraudulentas a gran escala, tras lo cual el presidente de la central sindical, Fritz Verzetnitsch, se vio obligado a dimitir.

Aunque el escándalo no le tocaba directamente, el SPÖ resultó perjudicado por sus estrechos lazos con la ÖGB, que tenía por costumbre meter a algunos afiliados en las listas del partido para el Nationalrat. Preocupados por el impacto negativo de este asunto en las urnas, ya que podían evaporarse las ganancias previstas por el desgaste natural del cancillerato de Schüssel, el cansancio con la fórmula gobernante y el cisma en el FPÖ, Gusenbauer y el resto del Presidium cortaron por lo sano y retiraron las candidaturas sindicales de las listas del partido, amén de forzar la renuncia de Wilhelm Beck, cabeza del Grupo de Sindicalistas Socialdemócratas (FSG), sindicato afiliado al SPÖ e integrante mayoritario de la ÖGB.

Estas medidas preventivas no consiguieron atajar la inseguridad que se apoderó de los socialdemócratas, y además levantó protestas en los sectores situados más a la izquierda. Los sondeos volvieron a ser adversos para el SPÖ, que al parecer no pasaría del 35% de los votos, y en la recta final de la campaña al ÖVP le fue vaticinada la victoria con una mayoría simple del 38%. Gusenbauer subrayó que el SPÖ sólo aceptaría coaligarse con los populares y los verdes, quedando completamente descartada cualquier alianza con el FPÖ del extremista Heinz-Christian Strache y la BZÖ que presidía Peter Westenthaler, que durante la campaña se dedicaron a competir entre sí con un gran despliegue de populismo de derechas.

3. Recuperación de la primacía electoral e investidura como canciller de una nueva gran coalición
Las predicciones acertaron de plano con el SPÖ. El 1 de octubre, el partido de Gusenbauer cosechó un magro 35,3% de los votos, lo que le dio derecho, de acuerdo con el sistema proporcional vigente, a 68 asientos (incluido el sacado por el LIF, para su presidente, Alexander Zach) en el Nationalrat. Con respecto a las elecciones de 2002, los socialdemócratas perdieron algo más de un punto de voto y un escaño. En términos absolutos, retrocedieron en casi 130.000 sufragios, pero teniendo presente que la participación, del 78,5%, había sido casi seis puntos más baja. El rendimiento electoral no era como para voltear campanas, pero como el ÖVP sufrió un considerable e inesperado batacazo, cayendo hasta el 34,3% y los 66 escaños, la victoria fue nítida para el SPÖ. El escándalo BAWAG no resultó tan lesivo como se había temido.

Al final, Gusenbauer, que en la noche electoral, tras cerrarse las urnas y comenzar el escrutinio, comentó nervioso que ganar iba a requerir “un pequeño milagro”, podía realizar su sueño de ser canciller federal. E iba a ser al frente de una gran coalición, como las habidas en 1947-1966 y 1987-2000, la única combinación factible que proporcionaba la mayoría absoluta: la BZÖ de Haider, machacada por el FPÖ, únicamente retuvo siete escaños, dejando de ser útil para los populares; y el crecimiento de los ecologistas hasta los 21 diputados no bastaba para probar una alianza roji-verde. Un tripartito alambicado del tipo SPÖ-FPÖ-Los Verdes sí proporcionaría una exigua mayoría absoluta, y aunque Gusenbauer insinuó que podría explorar esa posibilidad, al final se impuso la fórmula más realista.

El 3 de octubre el Gobierno dimitió ritualmente para poder abrir la preceptiva ronda de consultas entre el presidente Fischer y los cabezas de agrupación. El 11 de octubre el jefe del Estado se dirigió en primer lugar a Gusenbauer, en tanto que jefe del partido más votado, con la encomienda de formar el nuevo Gobierno. Dieron entonces comienzo unas negociaciones entre el SPÖ y el ÖVP que se desarrollaron con la prolijidad habitual en este tipo de situaciones. Hasta transcurridos dos meses, el 13 de diciembre (el 31 de octubre las conversaciones fueron interrumpidas por el ÖVP por la decisión de los socialdemócratas de convocar junto con los verdes y los liberales una comisión parlamentaria que investigara la compra de unos aviones de combate del tipo Eurofighter para la Fuerza Aérea Austríaca, no volviéndose a la mesa de negociaciones hasta el 16 de noviembre), Gusenbauer y Schüssel no se sintieron habilitados para anunciar que ya tenían un acuerdo básico.

El 11 de enero de 2007, tres días después de concluir las negociaciones, Gusenbauer tomó posesión como el undécimo canciller federal desde 1945, el sexto socialdemócrata y, con 46 años, el segundo más joven desde el popular Leopold Figl (1945-1953). Junto con él tomaron posesión los otros 19 miembros del Gabinete, 13 ministros con cartera y seis secretarios de Estado. La adjudicación partidista de los puestos fue estrictamente paritaria. El SPÖ, además de la Cancillería, obtuvo Defensa, para Norbert Darabos, Justicia, para Maria Berger, Asuntos Sociales, para Erwin Buchinger, y Educación, para Claudia Schmied. El ÖVP recibió Finanzas, para Wilhelm Molterer, además vicecanciller -y, fuera del Gobierno, presidente en funciones de su partido a raíz de la dimisión de Schüssel-, Interior, para Günther Platter, Economía y Trabajo, para Martin Bartenstein, y Asuntos Exteriores y Europeos, ministerio en el que fue confirmada la titular desde 2004, Ursula Plassnik.

El 16 de enero, un día después de renunciar a su acta de diputado para concentrarse en la labor gubernamental, Gusenbauer presentó ante el Nationalrat el programa del Gobierno, que establecía más gasto público en educación, investigación e infraestructuras, la elevación del salario mínimo a los 1.000 euros mensuales y de la pensión mínima a los 726 euros, y la disponibilidad de un permiso laboral por paternidad de año y medio de duración retribuido con 800 euros mensuales. Además, se contemplaba alcanzar el pleno empleo en 2010. Ahora bien, el descuelgue de este programa, en aras del consenso con el ÖVP, de las promesas electorales del SPÖ de suprimir las tasas universitarias y aligerar los impuestos directos a las rentas medias era motivo de malestar en las filas del partido, y ya estaba siendo denunciado desde la calle por estudiantes y sindicatos.

En política de Interior, se intensificaría la lucha contra la inmigración ilegal y se agilizarían los trámites a las peticiones de asilo. También, se abordaría una reforma electoral, una reforma constitucional y una redistribución de poderes entre el Estado y los bundeslander en beneficio de éstos. En política europea, la postura de Austria sería favorable a la ampliación de la UE a los países balcánicos occidentales, en especial Croacia, y a Turquía también –un nuevo enfoque de Gusenbauer, que años atrás había manifestado su oposición a tal ingreso-, aunque en este caso, de producirse, los austríacos serían llamados a pronunciarse en referéndum. Asimismo, se defendía la validez del fracasado Tratado de la Constitución Europea, que había sido ratificado por el Parlamento nacional en mayo de 2005, como base para seguir discutiendo la pendiente reforma institucional de la Unión. Por lo que respecta a la seguridad y la defensa, el Estado no cuestionaría el estatus de neutralidad fijado en la misma Constitución pero participaría plenamente en la PESD y relanzaría la actuación exterior de las Fuerzas Armadas.

Alfred Gusenbauer mantiene desde 1988 una relación formal con Eva Steiner, una animadora turística e intérprete de idioma español vinculada a España por profesión y por ocio vacacional, aspecto este último que ha compartido con su compañero en numerosas ocasiones. La pareja ha tenido una hija, Selina, nacida en 1992.